En los días como hoy en los que echo tanto en falta al sol, me dedico a viajar.
Viajar es, sin duda, una de mis grandes pasiones. Ver nuevos paisajes, conocer otras gentes, vivir otras costumbres, nuevas experiencias,..., hacen que mi mente sea más abierta, mi vida más llena.
He descubierto que los que menos tienen son los que más dan, que los "esteriotipos" no se cumplen en la mayoría de los casos y que nuestra visión del mundo es tan pequeña y limitada que a veces pienso si nuestra vida "cómoda" y "occidental" es tan llena como nosotros pensamos.
Hoy mi mente volvió a África.
Paseé por la Duna 45 (¡¡sin tanto sufrimiento para subir!!), admiré de nuevo la fuerza de los árboles que decidieron no caer, a pesar de que hace años que el río no pasa por allí.
Visité a los Himba y recordé su fiesta improvisada de cantos y baile en plena noche, sin ninguna luz, en la que tanto tardé en acostumbrarme a tanta oscuridad.
Cataratas Epupa - Namibia. Cerca de los poblados Himba. Poco más allá del agua comienza de nuevo el desierto.
Salté de Namibia a Botswana para sobrevolar el delta del Okavango y pasear en mokoro por el río. ¡Qué pan más rico comimos esa noche (horneado entre barro en una hoguera) y qué de ruidos extraños escuchamos desde la tienda!
Delta del Okavango - Botswana.
Viajamos en mokoro (especie de canoa), para pasar un día (con su noche)
en una isla sin presencia humana. Por la noche oíamos a los animales cerca de nuestra tienda.
Recordé lo impresionante que es estar entre animales salvajes, tan cerca, tan grandes, tan libres, en medio de esa sabana infinita, sabiendo que no hay nada en kilómetros a la redonda.


Y de allí hasta Cataratas Victoria, en Zimbawe, para quedarme apabullada ante tanta belleza, tanta agua, tanta fuerza, tanta vida. A los pies de la cascada mientras nuestra barca se balanceaba antes de empezar el rafting, comprendí porque los nativos la llamaban "Mosi-oa-Tonya" (el humo que truena).
De allí me traje mi amor por África, por sus extensiones secas o húmedas, por su calma, por mi paz y por la gente que allí vive y los que conocí.
Os dejo con rayitos de su sol y de su gente.

Espero que los disfrutéis tanto como yo.

Viajar es, sin duda, una de mis grandes pasiones. Ver nuevos paisajes, conocer otras gentes, vivir otras costumbres, nuevas experiencias,..., hacen que mi mente sea más abierta, mi vida más llena.
He descubierto que los que menos tienen son los que más dan, que los "esteriotipos" no se cumplen en la mayoría de los casos y que nuestra visión del mundo es tan pequeña y limitada que a veces pienso si nuestra vida "cómoda" y "occidental" es tan llena como nosotros pensamos.
Hoy mi mente volvió a África.
Paseé por la Duna 45 (¡¡sin tanto sufrimiento para subir!!), admiré de nuevo la fuerza de los árboles que decidieron no caer, a pesar de que hace años que el río no pasa por allí.
Visité a los Himba y recordé su fiesta improvisada de cantos y baile en plena noche, sin ninguna luz, en la que tanto tardé en acostumbrarme a tanta oscuridad.
Salté de Namibia a Botswana para sobrevolar el delta del Okavango y pasear en mokoro por el río. ¡Qué pan más rico comimos esa noche (horneado entre barro en una hoguera) y qué de ruidos extraños escuchamos desde la tienda!
Viajamos en mokoro (especie de canoa), para pasar un día (con su noche)
en una isla sin presencia humana. Por la noche oíamos a los animales cerca de nuestra tienda.
Recordé lo impresionante que es estar entre animales salvajes, tan cerca, tan grandes, tan libres, en medio de esa sabana infinita, sabiendo que no hay nada en kilómetros a la redonda.
Y de allí hasta Cataratas Victoria, en Zimbawe, para quedarme apabullada ante tanta belleza, tanta agua, tanta fuerza, tanta vida. A los pies de la cascada mientras nuestra barca se balanceaba antes de empezar el rafting, comprendí porque los nativos la llamaban "Mosi-oa-Tonya" (el humo que truena).
De allí me traje mi amor por África, por sus extensiones secas o húmedas, por su calma, por mi paz y por la gente que allí vive y los que conocí.
Os dejo con rayitos de su sol y de su gente.
Espero que los disfrutéis tanto como yo.