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Nuestra casa en Lisboa

Una de las cosas a las que le dedico más tiempo cuando planifico un viaje es a buscar el sitio perfecto para el descanso del guerrero.

Es verdad que muchas veces sólo paras a dormir, lo reconozco, pero me parece muy importante que el rato que pasas descansando puedas sentirte como en casa, aunque estés lejos de ella.

Desde que llegó el peque me he vuelto una experta en la búsqueda de apartamentos. Los que ya sois padres  y hayáis ido con ellos de hotel, sabréis de ese fantástico momento en el que por fin has conseguido dormirlo. Son las 9 de la noche y te sientas relajadamente a cenar, casi a oscuras, muy probablemente cualquier cosa del bar de abajo y casi seguro muy cerca de la puerta del baño. Por supuesto sin hacer ruido y tratando de  no despertarlos.

El plan perfecto, vamos.


subiendo

En un apartamento, sin embargo, todos pueden disfrutar de su rato de descanso y si es como el que tuvimos en Lisboa, corres el riesgo de no querer salir de él. Os lo aseguro.

Mi búsqueda por internet, mi gran amigo, me llevó hasta los apartamentos Baixa House y tuve graves problemas para decidirme por uno de ellos.

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Al final, Gulbenkian, bautizada en honor de un filántropo armenio que terminó sus días en Lisboa, fue el elegido.

Me encantan los apartamentos que se nota que han sido decorados con gusto, en los que te das cuenta de que han elegido cada pieza y no se han limitado a ir a Ikea y decorarlo todo muy minimalísticamente.

old books

Desde el primer momento nos sentimos como en casa. Deshicimos las maletas, sacamos los juguetes y llenamos las mesas de nuestros libros y revistas.

living room


La cama no sólo era enorme, sino que daba gusto tirarse en ella y en el baño nos esperaban toallas grandes,  de esas que te abrazan y una bañera monísima para el peque de la casa.
    in the bathroom


A la cocina no le faltaba detalle, quizás un microondas, vale, pero terminaron de ganarme cuando vi el despliegue de vajilla y cristalería y esas servilletas de lino esperando ser usadas. 

Ni que decir tiene que todos los días montaba la mesa del desayuno sin que faltara detalle. Si no hubiera sido porque vivimos un pelín lejos, me hubiera traído en la maleta esa vajilla verde que estoy segura haber visto, hace mucho tiempo, en casa de mi bisabuela.

  las mañanas


Y no os he hablado del desayuno todavía.

A pesar de ser un apartamento, disfrutábamos de un servicio de limpieza diaria y desayuno. 

Los productos del desayuno los dejaban listos el día anterior, cuando pasaban a recoger y a hacer la cama de la manera más perfecta que he visto en mi vida.

Cada día nos sorprendían con un bollo casero diferente, diferentes tipos de queso y embutido, yogures artesanos que estaban buenísimos, mermeladas variadas, mantequilla, zumo y por supuesto leche. El café, algo necesario para mi subsistencia y el cola cao, básico para el desayuno de Pol tampoco faltaban ningún día.

Y el pan, porque también había pan, te lo traían cada mañana recién hecho. Caliente todavía, lo encontrabas en una bolsa blanca de lino que podría haber sido almidonada por las monjas del Carmen.

A las pruebas me remito.



Resumiendo, que si planeáis ir a Lisboa, buscáis algo céntrico y especial, os recomendamos que disfrutéis de la experiencia de vivir unos días en Baixa House.

Merece la pena.

craspedias
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