Pero como no me gusta quedarme con las cosas malas, cuando toca recapitular pienso siempre lo mismo, que los grandes momentos están en las pequeñas cosas y la felicidad, en lo que vivimos y creamos en el día a día.
En Enero comencé un proyecto que nunca llegué a acabar, pero que dejó grabados momentos muy especiales y felices, de esos que nunca podré olvidar.
Febrero trajo mucho frío y mucha nieve, pero nos dio muchos momentos hogareños y paisajes tan bonitos como este.
Además nuestra visita a la tienda multiespacio MOKO salió publicada en Kireei. ¡Un honor!
En Marzo, además de hacer picnics en la nieve, visitamos Mallorca y disfrutamos de sus paisajes, su comida y sobre todo de su gente. Lucía, Inés, Irene y Pere, un placer.
Abril trajo tanta preocupación como lluvias dice el refrán, pero me quedo con la maravillosa quedada con mis amigas del Club del tupper y esa huelga de IBERIA que me permitió darle un beso a mi madre mientras estaba en el Hospital.
Mayo nos trajo la Primavera, una grata visita, un buen susto y un diente menos.
En Junio me enganché al ganchillo, mi nuevo método de relajación. No sé si será Zen, pero al menos es creativo.
Julio fue un mes de vacaciones. Disfrutamos del sol, del buen tiempo y de las largas horas en grata compañía.
En Agosto nos mudamos al paraíso y celebramos los dos años de Pol por todo lo alto y muchos coches.
En Septiembre ocurrió el mejor acontecimiento del año. Hubo flores, muchos besos y mucho, mucho amor.
En Octubre disfrutamos de un montón de actividades al aire libre. Sabíamos que la nieve y la oscuridad estaban a la vuelta de la esquina y había que aprovechar. ¡Hasta fuimos al parque de atracciones!
Noviembre fue el principio de otro nuevo quebradero de cabeza, pero prefiero quedarme con la preparación de la Navidad y esos ratos de juego con el peque.
Diciembre fue un mes gris.
Supongo que se juntó el cansancio, la tristeza, las preocupaciones contenidas y algún que otro bichillo más. Pero quiero quedarme con toda la gente que colaboró para el proyecto de Sylvia y mandó calcetines para alegrar la Navidad de un niño desconocido.
Muchas gracias desde aquí a todos los que participasteis.
Y así como vino, se acabó el año y yo quiero quedarme con todos esos pequeños momentos de felicidad comprimida, con todas las sonrisas y risas, con todas las conversaciones de complicidad, las actividades creativas y las personas que hicieron mi día a día.
Y las penas y las tristezas que se las lleve el viento, que la lluvia las borre poco a poco, que la nieve las congele y que el sol vuelva a salir y volvamos a empezar. Porque cada día es un lienzo nuevo y yo quiero decorarlo con miles de colores.
2013 va a ser mi año, sólo tengo que proponérmelo.
