A veces los nombres se los lleva el viento, a veces vuelven a salir cual flores en Primavera y terminan en esa pequeña lista de deseos que poco a poco se convierten en necesidades.
Por eso, cuando Lucía nos contó por sorpresa que tendríamos un curso de cocina en Federica & Co, no pude dejar de recordar mis listas y mis deseos de provinciana y sonreír esperándome lo mejor.
Llegamos de noche, cuando todo el mundo salía y sólo quedaba en el jardín el sonido de la fuente, el olor de las plantas aromáticas y muchas cosas bonitas que pararse a mirar.
Pero no había tiempo, llegábamos tarde y no queríamos hacer esperar a nuestra anfitriona, Federica.
Lo que nos esperaba dentro no era lo que yo me había imaginado, sino mucho mejor.
A veces te encuentras con tiendas que venden cosas bonitas, diferentes o con estilo, sitios dónde tienen muebles que te llevarías inmediatamente a casa, o lugares que no te dejan indiferente.
Federica and Co es así y un poco más. Porque en Federica se venden sensaciones, emociones, de ese tipo de sentimientos que luego quieres guardar para siempre, llevarte un trocito para luego recrearlo en tu casa para vivirlo una y otra vez.
Pero si queréis saber de verdad lo que más me gustó, lo que verdaderamente me pareció un descubrimiento, fue sin duda la propia Federica.
Una persona entera, emprendedora, consecuente con lo que piensa y sobre todo una luchadora nata, de esas que no se conforman con las cartas que le da la vida, porque la vida trae barajas marcadas y las cartas están para jugarlas.
Me gustó esa mezcla de servilletas de hilo y furgoneta a las cinco de la mañana para seguir trayendo muebles auténticos a su visión, a su sueño, que es Federica and Co.
Me gustó escucharle decir lo que tantas veces he oído antes y que parece que tanto nos cuesta interiorizar, que el secreto del éxito se llama esfuerzo, trabajo, horas, sueños, esperanza y un poquito, muy poquito de magia.
Y entre copa y copa de vino, se creó un ambiente tan bueno que olvidamos que estábamos en una tienda, en un lugar de revista y nos dejamos llevar.
Dejamos apartadas las cámaras y nos dedicamos a escuchar, a aprender como cocinar los platos que Federica aprendió de su abuela y que enseña a todo aquel que quiere apuntarse a sus clases de cocina en Fede's Kitchen.
Y me sentí como en casa, como si ese lugar hubiese estado siempre ahí y no fuera la primera vez que lo visitara.
Esa noche, me lleve a casa un trozo de Federica, uno intangible que habita en mi corazón y que forma parte de esos recuerdos que se vuelven inolvidables.
Me queda pendiente volver para recorrerlo con calma, para tocarlo todo y para elegir entre sus cosas aquellas que traerán la esencia de Federica a nuestra casa.
Elegante, con carácter y con mucha, mucha historia.
Hermosilla 26
Madrid