Lo sé.
Sé que viendo esta carita es imposible pensar que sea el causante (o el iniciador) de dos fines de semana seguidos en casa y varios días de baja laboral, pero es así.
Nuestro querido peque es muy dado a hacer amigos y no hay pequeño virus al que no invite a una fiesta, aunque sea pequeñita.
No nos recuperamos de una y ya nos hemos metido en otra, pero dicen que esto mejora a los dos años. Ya os lo iré contando.
Mientras tanto nosotros seguimos leyendo cuentos, montando torres y durmiendo mucho. Sobre todo, durmiendo mucho.
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Coulant de chocolate
, o cómo cocinar a 18 manos y ninguna al mismo tiempo.
El sábado pasado llegamos directas a cocinar nuestro Coulant de chocolate blanco en pandilla.
Con los ingredientes en el coche, pero sin receta!!!!
Así que desafiando a la falta de cobertura, buscamos la receta por internet y la inmortalizamos para no perder ningún paso.
Lucía dando apoyo moral, inmortalizada por Begoña.
La receta la decidió Angie, así que ella estuvo muy atareada pesando los 50 gramos de azúcar y blanqueando dos huevos. Como a Rebeca le encanta cocinar en pandilla, estuvo al tanto de que los huevos duplicaran su volumen. Las cosas entre dos se hacen mucho mejor.
Después, sin dejar de batir, había que añadirle 50 gramos de harina tamizada.
Creo que lo de "sin dejar de batir" nos lo saltamos ligeramente. Aquí tengo la prueba gráfica:
María y Marta hicieron los honores del tamizado y la mezcla.
Mientras tanto, Paula y Marta deshacían 120 gramos de chocolate blanco con 60 gramos de mantequilla. ¡Qué concentración!
Yo debí ayudarles algo, lo digo por esta foto de Bea, aunque creo que María y yo estábamos más concentradas en algún que otro tema.
Begoña, untó los moldes con mantequilla, para luego espolvorearlos con harina. Así se evita que los coulants se peguen al desmoldarlos.
¿Os habéis fijado qué monada de delantal? Nos los regaló Peseta.
Los había musicales, como el de Begoña y geográficos para las almas viajeras como la mía.
Luego había que mezclarlo todo y repartirlo por los moldes. Aunque no se la ve en la foto, Bea era la encargada de llenar los moldes.
Hay que tratar de no llenarlos mucho, porque la masa sube bastante una vez que la metes en el horno.
También fue la encargada de probar la mezcla, no siendo que nos hubieran salido un poco sosos.
¿Habéis visto que de colorido? Lekué nos regaló un montón de instrumentos de cocina. Ya era una fan antes de ese día, así que ya os contaré si descubro alguna receta revolucionaria.
No hay problema, estaban ricos.
Mara, fue la encargada de meterlos en el horno a 200ºC durante 10 minutos. Nos los sirvió de postre después de una opípara cena y no estaban nada mal.
Si os animáis la receta en Muy molón y para el siguiente reto, habrá que esperar a ver con qué nos deleita Ishtar mañana.
Pasaros también por Lila y Cloe. Si no ha encontrado el tiempo para cocinar, al menos seguro nos inspirará y nos alegrará la vista con esas maravillas que descubre.
Os veo entre semana.
El sábado pasado llegamos directas a cocinar nuestro Coulant de chocolate blanco en pandilla.
Con los ingredientes en el coche, pero sin receta!!!!
Así que desafiando a la falta de cobertura, buscamos la receta por internet y la inmortalizamos para no perder ningún paso.
Lucía dando apoyo moral, inmortalizada por Begoña.
La receta la decidió Angie, así que ella estuvo muy atareada pesando los 50 gramos de azúcar y blanqueando dos huevos. Como a Rebeca le encanta cocinar en pandilla, estuvo al tanto de que los huevos duplicaran su volumen. Las cosas entre dos se hacen mucho mejor.
Después, sin dejar de batir, había que añadirle 50 gramos de harina tamizada.
Creo que lo de "sin dejar de batir" nos lo saltamos ligeramente. Aquí tengo la prueba gráfica:
María y Marta hicieron los honores del tamizado y la mezcla.
Mientras tanto, Paula y Marta deshacían 120 gramos de chocolate blanco con 60 gramos de mantequilla. ¡Qué concentración!
Yo debí ayudarles algo, lo digo por esta foto de Bea, aunque creo que María y yo estábamos más concentradas en algún que otro tema.
Begoña, untó los moldes con mantequilla, para luego espolvorearlos con harina. Así se evita que los coulants se peguen al desmoldarlos.
¿Os habéis fijado qué monada de delantal? Nos los regaló Peseta.
Los había musicales, como el de Begoña y geográficos para las almas viajeras como la mía.
Luego había que mezclarlo todo y repartirlo por los moldes. Aunque no se la ve en la foto, Bea era la encargada de llenar los moldes.
Hay que tratar de no llenarlos mucho, porque la masa sube bastante una vez que la metes en el horno.
También fue la encargada de probar la mezcla, no siendo que nos hubieran salido un poco sosos.
¿Habéis visto que de colorido? Lekué nos regaló un montón de instrumentos de cocina. Ya era una fan antes de ese día, así que ya os contaré si descubro alguna receta revolucionaria.
No hay problema, estaban ricos.
Mara, fue la encargada de meterlos en el horno a 200ºC durante 10 minutos. Nos los sirvió de postre después de una opípara cena y no estaban nada mal.
Si os animáis la receta en Muy molón y para el siguiente reto, habrá que esperar a ver con qué nos deleita Ishtar mañana.
Pasaros también por Lila y Cloe. Si no ha encontrado el tiempo para cocinar, al menos seguro nos inspirará y nos alegrará la vista con esas maravillas que descubre.
Os veo entre semana.
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Hace una semana
El tiempo pasa tan deprisa, que hoy hace una semana llegué cargada al trabajo para empezar una nueva aventura.
¿Sabéis el dicho ese de "las cosas siempre pasan por algo"?
Por cosas de la vida, o de la huelga de Iberia, yo empecé mi fin de semana en Jueves.
Por cosas de la vida, o por valentonadas de mi señora madre, el pasado Jueves ella pasaba el día en el quirófano.
No hay cansancio mejor que el de recorrer medio mundo para dar un abrazo a las personas que quieres, aunque sea por poco más de medio día. Así que así, abrazando, empezó mi fin de semana del Club del Tupper. ¿Puede haber mejor inicio?
9 chicas, 9, viajando en una furgoneta de alquiler. 9 chicas, 9, parloteando sin poder parar y sintiéndose como si se conocieran de toda la vida.
Sé que puede parecer increíble, pero no hubo un sólo momento que no fuera totalmente perfecto.
¿Quéreis saber lo que hicimos?
- Cocinamos (poco pero en pandilla)
Sigo pensando que somos amateurs en la cocina. Eso sí, nadie nos gana presentando las recetas.
- Comimos (mucho y muy rico).
Comer es un placer, pero si se acompaña de la mejor compañía y de un entorno increíble, son de esas experiencias que uno no olvida nunca.
Mantel de hilo, vajilla de porcelana, cubiertos de plata y cristalería. Un lujo que gracias a Mara puede estar al alcance de cualquiera, sin tener que ver una y otra vez Memorias de África.
- Hablamos. Sin parar y hasta horas intempestivas, hasta lograr este dolor de garganta que hoy me acompaña, pero que me acompaña con gusto.
- Decoramos. Porque nos das unas ramas, un poco de cinta y unas tijeras, y tenemos más peligro que unos caramelos a la puerta de un colegio.
¿Cómo es posible que sin habernos visto nunca seamos tan sumamente parecidas? Milagros sin explicar.
- Regalamos y recibimos regalos. Como la noche de Reyes, pero mejor. Os los enseño otro día, porque la gente no es sólo generosa, sino que también es imaginativa y tiene mucho, mucho gusto.
- Y fotografíamos. Como locas (o eso debieron de pensar muchos), pero es que cuando te rodeas de "bonitísimo", no puedes evitar el click.
¿Sabéis el dicho ese de "las cosas siempre pasan por algo"?
Por cosas de la vida, o de la huelga de Iberia, yo empecé mi fin de semana en Jueves.
Por cosas de la vida, o por valentonadas de mi señora madre, el pasado Jueves ella pasaba el día en el quirófano.
No hay cansancio mejor que el de recorrer medio mundo para dar un abrazo a las personas que quieres, aunque sea por poco más de medio día. Así que así, abrazando, empezó mi fin de semana del Club del Tupper. ¿Puede haber mejor inicio?
9 chicas, 9, viajando en una furgoneta de alquiler. 9 chicas, 9, parloteando sin poder parar y sintiéndose como si se conocieran de toda la vida.
No véis la cara del señor que nos llevó la furgoneta, pero era una mezcla de preocupación y de pensar "¿de dónde salen estas locas?
Sé que puede parecer increíble, pero no hubo un sólo momento que no fuera totalmente perfecto.
¿Quéreis saber lo que hicimos?
- Cocinamos (poco pero en pandilla)
Sigo pensando que somos amateurs en la cocina. Eso sí, nadie nos gana presentando las recetas.
Bea no puede tener más arte.
- Comimos (mucho y muy rico).
Arroz caldoso de marisco. ¡Se me hace la boca agua!
Comer es un placer, pero si se acompaña de la mejor compañía y de un entorno increíble, son de esas experiencias que uno no olvida nunca.
Mantel de hilo, vajilla de porcelana, cubiertos de plata y cristalería. Un lujo que gracias a Mara puede estar al alcance de cualquiera, sin tener que ver una y otra vez Memorias de África.
- Hablamos. Sin parar y hasta horas intempestivas, hasta lograr este dolor de garganta que hoy me acompaña, pero que me acompaña con gusto.
- Decoramos. Porque nos das unas ramas, un poco de cinta y unas tijeras, y tenemos más peligro que unos caramelos a la puerta de un colegio.
¿Cómo es posible que sin habernos visto nunca seamos tan sumamente parecidas? Milagros sin explicar.
- Regalamos y recibimos regalos. Como la noche de Reyes, pero mejor. Os los enseño otro día, porque la gente no es sólo generosa, sino que también es imaginativa y tiene mucho, mucho gusto.
- Y fotografíamos. Como locas (o eso debieron de pensar muchos), pero es que cuando te rodeas de "bonitísimo", no puedes evitar el click.
Begoña, que tiene talento para todo lo que se proponga, fué nuestra fotógrafa oficial. Pero no era la única detrás de una cámara.
- Y no tengo ni que deciros que disfrutamos y reímos.
Amigas, estoy deseando repetirlo. ¿Cuando decís que es la próxima?
Finde perfecto en Monte de Cutamilla
Hemos pasado un fin de semana estupendo en Monte de Cutamilla.
Sol, amigas, risas, buena comida y un entorno maravilloso.
Yo sigo rodeada de amigas y no vuelvo a casa hasta mañana.
Nos vemos pronto
Sol, amigas, risas, buena comida y un entorno maravilloso.
Instagram de Lucía Baballa
Yo sigo rodeada de amigas y no vuelvo a casa hasta mañana.
Nos vemos pronto
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