No me refiero a hoteles de 5 estrellas o a sitios excesivamente caros, sino a apartamentos u hoteles que reflejen la forma de ser de la gente, el estilo de vida, una manera de acercarnos desde una perspectiva un poco menos turística al lugar que visitamos.
Además desde que Pol nació, sé que pasaremos largos ratos ahí, que todo no puede ser patear la ciudad o salir a cenar cada noche, así que necesitamos una base de operaciones en la que todos estemos agusto y el apartamento de Copenhagen cumplió absolutamente todos nuestras expectativas.
El apartamento está ubicado en Nørrebro, uno de los barrios céntricos de Copenhagen, lleno de familias jóvenes, zonas verdes (aunque la verdad es que hay parques por todos los sitios), restaurantes con estrellas michelin y baretos con terrazas a pié de calle, tiendas con encanto y mucha, mucha vidilla.
Aunque es una apartamento muy espacioso dividido en dos plantas con un pequeño altillo, no está pensado para albergar a muchísima gente. De hecho, a diario, viven una pareja con su hija de 3 años, con lo que está especialmente indicado para familias con niños o parejas que busquen algo especial y amplio.
La planta de arriba es tipo loft con espacio para cocinar, relajarse y jugar. Está decorada con estilo 100% escandinavo: sencillez, colores claros, líneas puras y muebles de diseño, pero con muchos detalles japoneses porque la dueña tiene ascendencia de esa parte del mundo. Además es el último piso (sin ascensor, eso sí) y las claraboyas hacen que esté siempre bañada de luz (del sol o las estrellas). Un placer de sitio, vamos.
En la planta de abajo están los dormitorios y el baño. Está decorada de forma más utilitaria, aunque llena igualmente de detalles. Además da a un patio interior bastante grande con columpios para los niños, una zona de barbacoa y bancos para sentarse, así que por las mañanas, mientras nos desperezábamos abríamos la ventana para escuchar como se iba despertando el barrio.
A los tres nos encantó la experiencia, tanto que Pol decía que esa era su casita. Estaba encantado con la cantidad de juguetes, el espacio que tenía para jugar y la vida de la ciudad.
A nosotros nos encantó el piso no sólo por la decoración y la ubicación, sino porque se notaba que era un hogar dónde vivía una familia con una forma de ser muy parecida a la nuestra. Además, Sven, el dueño, nos dio un montón de recomendaciones para sitios dónde ir por el barrio: como la panadería encantadora que os enseñé aquí o un par de restaurantes de alto copete dónde no nos miraron con cara extraña cuando fuimos a cenar con un niño pequeño y su carrito.
Definitivamente un lugar dónde volver y 100% recomendable.
El apartamento está ubicado en Nørrebro, uno de los barrios céntricos de Copenhagen, lleno de familias jóvenes, zonas verdes (aunque la verdad es que hay parques por todos los sitios), restaurantes con estrellas michelin y baretos con terrazas a pié de calle, tiendas con encanto y mucha, mucha vidilla.
Aunque es una apartamento muy espacioso dividido en dos plantas con un pequeño altillo, no está pensado para albergar a muchísima gente. De hecho, a diario, viven una pareja con su hija de 3 años, con lo que está especialmente indicado para familias con niños o parejas que busquen algo especial y amplio.
La planta de arriba es tipo loft con espacio para cocinar, relajarse y jugar. Está decorada con estilo 100% escandinavo: sencillez, colores claros, líneas puras y muebles de diseño, pero con muchos detalles japoneses porque la dueña tiene ascendencia de esa parte del mundo. Además es el último piso (sin ascensor, eso sí) y las claraboyas hacen que esté siempre bañada de luz (del sol o las estrellas). Un placer de sitio, vamos.
En la planta de abajo están los dormitorios y el baño. Está decorada de forma más utilitaria, aunque llena igualmente de detalles. Además da a un patio interior bastante grande con columpios para los niños, una zona de barbacoa y bancos para sentarse, así que por las mañanas, mientras nos desperezábamos abríamos la ventana para escuchar como se iba despertando el barrio.
A los tres nos encantó la experiencia, tanto que Pol decía que esa era su casita. Estaba encantado con la cantidad de juguetes, el espacio que tenía para jugar y la vida de la ciudad.
A nosotros nos encantó el piso no sólo por la decoración y la ubicación, sino porque se notaba que era un hogar dónde vivía una familia con una forma de ser muy parecida a la nuestra. Además, Sven, el dueño, nos dio un montón de recomendaciones para sitios dónde ir por el barrio: como la panadería encantadora que os enseñé aquí o un par de restaurantes de alto copete dónde no nos miraron con cara extraña cuando fuimos a cenar con un niño pequeño y su carrito.
Definitivamente un lugar dónde volver y 100% recomendable.

