No, no volvemos a irnos de viaje, que ya me gustaría. Sólo he decidido volver a rememorar nuestro viaje a Japón (para vosotros y para mí).
Entre que el horario del sol es incompatible con mi horario de fotógrafa y que hace ""mucho"" frío, no tengo muchas más fotos nuevas que compartir. Además, después del fenómeno mágico de la semana pasada, las calles están llenas de nieve sucia y hielo deslizante, así que es mucho mejor volver al Otoño japonés, al menos hasta que me vuelva a forrar de ropa y me lance a la calle con mi cámara.
Porque os acordáis de los colores del Otoño japonés, ¿no?
Otro de los pueblos que se pueden visitar en los alrededores de Tokio es Niko. Un pequeño pueblo rodeado de templos patrimonio de la humanidad, que todas las guías recomiendan y que bien merece una visita.
Estaba de nuevo lleno hasta la bandera de japoneses. ¡¡Y era un lunes!!
Los templos están llenos de tallas policromadas, aunque esta de los monos parece ser la más famosa.
Ni veo, ni hablo, ni escucho.
Después de dar un buen paseo, dejamos la marabunta atrás y subimos hasta esta maravilla de lago.
Hacía mucho frío (aunque nada comparado con el que hace aquí ahora), así que lamentamos un poco no haber ido con mejor temperatura para haber disfrutado la puesta de sol en una terraza con una buena Sapporo en la mano. (Si, Sapporo es una marca de cerveza japonesa, pero, ¿qué son unas buenas vacaciones sin una cervecita disfrutando de un atardecer!!!!
Estas cataratas se podían disfrutar muy cerca del lago. ¿Os imáginais cómo tendría que haber sido el paisaje si las hojas no se hubieran caído ya de los árboles? ¿La cantidad de rojos, amarillos, naranjas y verdes?
Para terminar el día, helados y hambrientos terminamos comiendo aquí.
La cocinera y la camarera eran simpatiquísimas y chapurreaban un poco de Español. El restaurante (pequeñisimo) estaba lleno de notas de clientes, fotos, tarjetas de visita y billetes de todos los países (hasta antiguas pesetas españolas).
Nos metimos un Yakitori entre pecho y espalda y dejamos nuestra nota para la posteridad.
Un día muy tranquilo antes de volver a la caótica Tokyo.