A veces subir a la cima más alta es tan sencillo como coger un tren rojo con tus amigos y dejarte llevar entre risas e historias.
Y eso es lo que hicimos este fin de semana, subir a la estación más alta de Europa, el Jungfrau en Suiza a 3.571 metros sobre el nivel del mar.
Para estar "hartita" de ver nieve, tengo que reconocer que me he enamorado de estas montañas y de estos paisajes. Tanto es así, que el domingo me dejé convencer para hacer "deporte de riesgo" y montados en un trineo bajamos por las montañas suizas como si de "avezados montañeros" se tratara.
El hecho de que me dejara los pies frenando no cuenta, ni tampoco el que fuera la más miedosa. Lo que cuenta fueron los paisajes, las risas y lo bien que nos sentó la cenita y el vino de después.
Y aunque estaba todo preparado por si pasaba algo,
Hemos sacado millones de fotos, pero hasta que no esté con mi ordenador, será imposible compartirlas con vosotros. Hasta entonces, seguiremos disfrutando