Después de un año en Finlandia todavía no habíamos visto una nevada de verdad. Creíamos que sí, hasta ayer.
Ayer todo empezó muy bonito, como otras veces. Esos copos tan grandes, tan blancos, que caían sobre los coches y empezaban a cuajar.
(foto de Febrero 2007)La gente iba muy abrigada y era divertido verlos por la calle, tapados hasta las cejas y caminando despacito y con cuidado de no caerse.
Pero siguió nevando, toda la mañana, toda la tarde. Nos fuimos a la cama y seguía nevando, la nieve cubría coches y aceras y Jaume empezó a preguntarse cómo sacaría el coche después de ver a dos patinando para intentar salir de dónde estaban aparcados.
(la señora que está al lado del coche, está quitando la nieve, no pasa por allí por casualidad)
A las 11, en un momento en el que paró un poco de nevar, apareció un señor con una pala enorme quitando la nieve de la acera y, ¡oh!, sorpresa, poniéndola en el arcén, al lado de los coches. Jaume temblaba.
Esta mañana me he levantado y seguía nevando. En la ventana hay unos 40 cm de nieve (y subiendo) y me estoy planteando la costumbre española de abrir todos los días la ventana para airear (esta vez, va a implicar una fregona de por medio).
La terraza de enfrente, o fumadero vecinal, está repletita de nieve, así que a lo mejor el vicio será relegado por hoy.
(al lado de la ventana tenemos la impresora, la nieve ya la sobrepasa)Y os preguntaréis que pasa en la calle. Pues en la calle, las aceras están limpias (más o menos) y la carretera también. Los coches y los peatones van despacio, pero la circulación es (casi) como cualquier día normal. (Vivimos en una calle muy transitada)
Pero, ¿y los arcenes? Los coches que estaban aparcados esta noche y que esta mañana nadie ha movido están hasta arriba de nieve y en los arcenes vacíos se acumulan montañitas de nieve.

Esta mañana, lo primero que hice, antes incluso de desayunar, fue llamar a Jaume, para que me contara de primera mano su aventura invernal. Estaba preocupada por la cantidad de nieve y el patinaje artístico que habíamos presenciado el día anterior.
Estad tranquilos, ha ido a trabajar en autobús y dice que el paisaje desde el asiento era precioso.
Parece ser que aparcamos al lado de la salida de un garaje, por lo que además de la nieve de las aceras, el coche tiene en su parte posterior toda la nieve del garaje.
Probablemente será muy fácil sacar el coche, pero, recordad, hasta ahora NO HABÍAMOS VISTO NEVAR DE VERDAD. Esta tarde vendrá pronto del trabajo y entre los dos buscaremos la forma de sacarlo de ahí, moverlo un poco y volverlo a aparcar de nuevo. Esperemos que eso haga más fácil su movimiento mañana por la mañana.
Y por supuesto, lo conseguiremos.
Mientras tanto, sigue nevando.
