Si hay una ciudad que esconda sus tesoros, esa es Helsinki.
Aunque no deja indiferente al que la visita, sólo después de pasar dos veces por la misma calle, de sentarte dos días en la misma terraza, empiezas a ver cosas en las que antes no te habías fijado.
Y así, poco a poco y casi sin darte cuenta, conoces la ciudad y empiezas a comprender un poco a sus habitantes.
Aquí, todo el mundo va en
bicicleta. En invierno o en verano. Con sol o bajo la nieve.
Después del trabajo y antes de coger la bicicleta, muchos jóvenes se sientan en estas
escaleras a tomar una cerveza antes de volver a casa. ¡Uf, que frío!
Aquí, quien más o quién menos, tiene un
barco o si no, un amigo que lo tiene.
Les apasiona navegar, salir a pescar o simplemente acercarse hasta alguna isla para disfrutar de un picnic, un baño o una sauna.
Tanto como navegar, les encanta estar al aire libre. Con un sólo rayo de sol en el cielo, la gente se lanza a la calle y las terrazas se llenan de bebedores de café o comensales improvisados. Los
vendedores de los mercados
callejeros, despachan encantados sus mercancías de bayas, setas y otros productos frescos.
Mi sangre caliente del sur de Europa no entiende todavía esa ansia de sentarse en la calle a merced del astro rey. No porque no necesite sus rayos, sino porque abrigo y terraza no fueron nunca sinónimos en mi diccionario.
Yo prefiero perderme en lugares más calentitos, cómo este
café improvisado en el invernadero municipal
Y después, cruzar la calle y visitar a los
animales de Töölonbay.
Un oasis verde en el centro de la ciudad dónde te puedes encontrar conejos, ardillas,pájaros, patos y hasta alguna
pareja de enamorados, disfrutando de su mutua compañía.
Bueno, vale, ahora no parecen unos tortolitos, pero os puedo asegurar que medio minuto antes, mientras yo tirada en el suelo hacía como que seguía fotografiando patos, ellos se hacían carantoñas.
¿Os valen estos paseando por pleno centro de Helsinki?
Buscando tesoros puedes descubrir que en Helsinki no hay
graffitis, ni uno. No hay gente, spray en mano, firmando en paredes ajenas. O si la hay, hay servicios de limpieza más rápidos que un rayo, que cual goma "Milán", dejan todo impoluto, como nuevo.
Y también que los
artistas son sólo
callejeros en Verano, ferias o fiestas. No sé si la razón es el frío o las autoridades un tanto estrictas, pero ninguno se puso a tiro de mi objetivo durante mi búsqueda por la ciudad.
Lo que si encontré fue un punto de vista diferente de mirar la ciudad.
A través de sus
fuentes:
La fuente es una de las más conocidas de Helsinki.
Esta foca es parte de la fuente de Avis Amanda, escenario de borracheras en la fiesta de bienvenida del Verano.
. Al fondo la Catedral Ortodoxa, una de las dos catedrales de Helsinki.
, o de su
suelo: adoquines y raíles de tranvía, sólo pueden significar Helsinki.
Como dónde hay patrón, no manda marinero, tuve un indeseado compañero todo el mes que me impidió salir a surcar las calles de Helsinki para mostraros los 16 tesoros que la gente de "
La Vuelta al Mundo" ha encontrado a lo largo y ancho del globo.
Mi
niña desconocida y yo os pedimos disculpas y esperamos que nuestros tesoros os hayan mostrado un poquito más de esa Helsinki que se viste de fiesta cuando alguien la mira con ojos de querer.
Nos enamoramos de esta niña cuando conocimos el barrio de Arabia.
Paseaba despacito con su bicicleta, observando todo lo que había a su alrededor. De repente, paro la bici, se sentó y un instante después de esta foto, sacó una cámara de fotos de la mochila y se puso a disparar.
Yo ya no saqué ninguna más. Nos quedamos observándola y disfrutando del momento. A veces no es necesario sacar una foto para grabar una imagen en tu mente para siempre.
Pasaros por
aquí, o por
aquí, para viajar como bucaneros buscando tesoros. Os aseguro que merece la pena.