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Viernes Santo

Mañana en Uudenmaankatu celebraremos el Viernes Santo en clave sallentina.

Hornearemos una coca, que nunca podrá ser como las de la Lola y prepararemos un buen chocolate que me encantaría que supiera al de l'Avia.


Esta es de Ivana, de "My little things", una artista de la fotografía y de la cocina.
Pinchar en los links para visitarla.

No tendremos melindros de Cal Trulls, aquí no se imaginan lo bien que sabían, ni prepararemos un par de ollas de chocolate, como imagino que haría l'Avia, pero estaremos pensando en vosotros e inagurando una tradición nueva para mí: comerme el chocolate como cena y no a las 5 de la mañana como los zamoranos.


¡Cómo me gusta esa idea de ayuno de pascua!


Jueves Santo

No cabe duda, la primera vez que mi hermana pequeña hace algo, llueve.

Al principio nos parecía casualidad, ahora simplemente le recordamos que lleve el paraguas, por si acaso.

Así que mis primeros recuerdos de Jueves Santo son su primera salida y no la mía, porque la primera vez que Laura, a sus tres o cuatro años, salió, no llovió, diluvió.

Recuerdo a mi tía Chelo llegar pronto por la mañana para ponernos la mantilla y la peineta. Había trabajo, tres niñas y mi abuela. También recuerdo a mi padre, mi abuelo Manolo y mi tío Salva vistiéndose con la túnica de seda blanca y esa capa verde esmeralda que parece de "superhéroe", porque cuando andan se mueve al viento como si tuviera vida propia, como si volara.


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Miguelillo, aunque seas más pequeño también estás en mis recuerdos.

Recuerdo que nos dejaron al inicio de la procesión, con las pequeñas, dónde podíamos oír a la banda de cornetas y tambores y caminar como soldados, pa, pa, parará.

Y a Luchi, la hermana de mi abuela organizando a las niñas. Bueno a ella, y al vara de turno. No se ponían de acuerdo, que si más deprisa, que si más despacio, que si más juntas, que si más separadas.

Y el aire del puente, que se lleva la mantilla, que tira de la peineta, y que si pudiera nos hubiera llevado a nosotras, tan pequeñas cruzando el puente de buena mañana.

Allí íbamos nosotras, con nuestra vela verde y nuestro abriguito negro. Las tres, contentas de poder salir por fin en una procesión, de acompañar a la Virgen, la Virgen de nuestra familia.

Y recuerdo subir por la Cuesta del Pizarro y empezar a llover, pero llover de verdad, como si ya no quedara agua. Y a mi madre desde la acera preguntar si nos queríamos salir. Y nosotras que no. Laura, tan pequeña, la primera.

Tres veces recuerdo a mi madre preguntarlo desde la acera, la pobre callejeando, corriendo por Zamora para poder volver a vernos, para volver a preguntar, para volver a recibir la misma respuesta: no, estamos aquí para acompañar a la Virgen, nuestra Virgen.

La misma que mi bisabuelo fue a ver a Madrid antes de traerla. Por la que al llegar a Zamora, mi abuelo Manuel y mi tío Salva rellenaron estampitas para reunir donativos de los zamoranos. La que mi abuela vistió la primera vez que procesionó por Zamora, con un pañuelo blanco que ella misma le regaló, para que pudiera enjugar las lágrimas por el hijo, que caminaba delante, a pocos pasos de distancia.

Esa Virgen que gracias a Ana habrá llevado un alfiler que lleva mi nombre, la que subirán como si andara por Balborraz con "La Saeta", esa marcha tan poco zamorana, pero tan suya.

La que este año, como todos los años, acompañó mi padre la tarde de Martes Santo y que volverá acompañar mañana Jueves junto con mi hermano Miguel, que llega hoy desde Pamplona ,y Laura, aquella niña que no se quiso salir con sólo tres años y que la sigue acompañando, llueva, nieve o haga sol.


Pero vosotros tres, tened por seguro que, cómo siempre, iréis acompañados de todos nosotros.

De Salva, de abuelo Manolo, de Paco y de todos aquellos que desfilaron en su momento y que ya no están.

De abuela Elena, que ya no sale pero que siempre sabes que está allí, arriba a la izquierda al final de Balborraz y que cuando pasas le susurra a las de al lado, esas de ahí son mis nietas, las más guapas.

De mamá que se levanta pronto para hacer el café de la mañana antes de que salgamos corriendo a la peluquería a ponernos la peineta y de Mábel, que siempre nos ha llevado y traído para que lleguemos a tiempo.

Y de los benaventanos, que sabes que estarán allá en la catedral, esperando a la salida, como José y Yaya.

Pero sobre todo, os acompañaremos Elena y yo. Elena a su manera, pero siempre ahí, cada Jueves Santo. Y yo, en la distancia, pero caminando a vuestro lado. Lo más atrás que se pueda, lo más cerca de nuestra Virgen, Esperanza de Zamora




Esta entrada se la dedico a Susana, porque la Esperanza tiene que ser siempre lo más importante en nuestra vida y ella nos lo demuestra cada día.

Martes Santo


Desde niña, mis recuerdos de este día son siempre los mismos.

La estameña blanca y el caperuz morado estirados encima de la cama de mis padres. El cartón del caperuz al lado de la coqueta. ¡Cuántas veces jugábamos a ponérnoslo en la cabeza para "procesionar" por el pasillo!

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Mi abuela, llegando demasiado pronto y nerviosa para ayudar a vestir a mi padre y a mi hermano, como en su día ayudó a mi abuelo y vio vestir a mi bisabuelo. Año tras año desde la fundación de la cofradía.


Foto de La Opinión de Zamora.
La Señora que baja las escaleras es, curiosamente, mi abuela.

Y ya de más mayor, a mi madre preparando "Bacalao a la tranca" en la cocina.


Mi bisabuela lo preparaba siempre para que todos los cofrades de la familia fueran a cenar después de la procesión. Primero en la casa de los Herreros, llena de recovecos, con esa cocina antigua y esa despensa enorme dónde los primos jugábamos al escondite. Luego en su nueva casa cerca del río, año tras año, prácticamente hasta el final.

Ahora lo prepara mi madre, porque es Martes Santo y porque hay tradiciones que no deben perderse.

Tradiciones como la de ver pasar la procesión reflejada en el río, cuando ya es de noche y la luna está alta en el cielo. Cuando el Cristo se despide de la Virgen en Cabañales y continua su particular viacrucis hasta su iglesia de San Frontis.

Y mis lágrimas y mi emoción cuando recitan la cuarta estación. La estación de todas las madres y en especial las de Zamora. Las que ven marchar a sus hijos en busca de nuevos caminos, de nuevas oportunidades fuera de su tierra. Las que los echan de menos y esperan que lleguen estos días, en los que la tierra nos llama y es difícil resistirse.

Y cuando el Cristo se mete. Cuando los hermanos se quitan los caperuces y de nuevo vuelves a ver a gente que hace tiempo que no ves. Cuando toda tu familia se reune y terminas diciendo eso de: ¡Bueno, señores, salud para el año que viene!

Ese es mi Martes Santo. Eso y mucho más que hoy no os cuento.


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Quise poneros alguna imagen más, pero no tengo propias más que las antiguas de mi familia.

Gracias Laura por buscarlas, escanearlas y mandarlas.

Otro año os enseño la Semana Santa en imágenes o me animo a pedírselas a alguién con talento.

Muchas gracias a todos por preocuparos y por darme ánimos. Estoy bien, solo un poco morriñosa y escribir sobre lo que siento y recuerdo me ayuda a pasar estos días.


Desde la distancia


Acabo de llegar de Correos de buscar otro paquete.

Mi familia, que sabe que lo pasare mal esta semana y que seguro están tan morriñosos como yo, me ha mandado un paquete lleno de folletos, revistas y programas de la Semana Santa de Zamora.

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La vela es mi vela de la Esperanza, mi procesión del Jueves Santo en el que este año no podré salir.


Para que deciros que se me ha vuelto a caer la lagrimita.

Me ha hecho ilusión que hayan buscado todas estas cosas para mí, sobre todo sabiendo que este año las publicaciones han salido mucho más tarde, quien sabe, quizás por la crisis. Sé que han movilizado a amigos y conocidos para que todo me llegara a tiempo y por eso les digo GRACIAS.

Hasta mi sobrina de 4 años ha querido participar y me ha mandado un cofrade por duplicado, con firma incluida, porque "ella ya es muy mayor" y ya sabe escribir su nombre completo.


abril 09


Sabía que no iba a ser fácil, pero no imaginaba que me pasaría todo el tiempo pensando en lo que estaría pasando en mi tierra en cada momento.

Eso es lo que tiene vivir las cosas "Desde la distancia".



El ayuntamiento de Zamora ha editado un corto promocional de nuestra Semana Santa.

Si tenéis un ratito os lo recomiendo. Detrás de la música ambiental, se oyen los sonidos reales. El de los hachones, las sandalias sobre el suelo de piedra, los tambores, las campanas, pero sobre todo el sonido del silencio.

http://www.zamora.es/lang/zamoravision/

No he sido capaz de poner el link directo, lo siento. El vídeo se llama "Luces, Sentimientos, Sonidos" y es el segundo de la derecha.


Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

Nostalgia



Sólo un Zamorano puede comprender la llorera que me ha entrado esta mañana cuando he abierto el paquetito que me ha mandado mi madre.

Traía la Semana Santa dentro, ese "sentimiento" zamorano tan difícil de entender si eres de fuera y, que cala tan hondo cuando lo sientes, que estar lejos es una de las "pérdidas" más grandes.

Mi madre, que me conoce muy bien, me ha mandado una caja llena de aceitadas y almendras garrapiñadas, dulces que saben al cafecito del Lunes Santo antes de bajar las túnicas, al desayuno del Jueves Santo antes de salir voladas a la peluquería, a Viernes Santo a las 5 de la mañana, viendo pasar la procesión mientras el frío se te mete hasta en los huesos.




Saben a tantas cosas como los olores que me faltan. A naftalina y a cerrado de las túnicas, guardadas en sus cajas esperando a que las planchen para procesionar por las calles de Zamora. A teas y a incienso, a flores y a velas, que te dicen que estás allí, en tu tierra; olores que por mucho que viajes y por mucho tiempo que pases lejos de allí, te llaman en estas fechas para que vuelvas a ver pasar los pasos por sus calles.


Y sus sonidos. El del silencio y el respeto, que para mí es el más importante, pero que desgraciadamente se pierde con el tiempo. El de los tambores y trompetas, ese sonido que indica que detrás llega Barandales con sus campanas y que hay que correr a tu sitio, dónde esperaban tus papás porque la procesión ya llega.

Y el de las marchas y las voces: "Mater Mea" y "La Saeta" mientras las Esperanza sube por la cuesta de Balborraz y mi corazón la acompaña y sube con ella, "El Merlú" y "La marcha fúnebre de Thalberg" sonando la madrugada del Viernes Santo después del cinco de copas, mientras tú piensas: "te extrañaba, te echaba de menos, me hacías falta". Y el Miserere, cientos de voces sonando al unísono, mientras, en la noche del Jueves Santo una plaza atestada de gente, pero en el más absoluto silencio, ve pasar al Cristo Yacente flanqueado e iluminado por las teas de todos los cofrades y las estrellas.

Son tantos los sonidos que me quedan en el tintero y que se agolpan en mi cabeza como las sensaciones que me faltan: la suavidad de la seda de la túnica de la Esperanza, la aspereza de la estameña blanca, el vendaval del Puente de Piedra y el tacto de mi mantilla mientras la sujeto para que no se la lleve el aire,el frío de la noche, porque en Zamora, en Semana Santa, siempre hace frío.

Pero sobre todo, ese gusanillo que tengo cuando entro en Zamora y pienso estoy aquí, he vuelto. Y admiro su casco antiguo y disfruto de mi gente y de mi tierra y siento muy dentro de mí una voz que me dice: "Zamorana, que suerte tienes de haber nacido aquí, de que tu familia te haya transmitido estas tradiciones y este sentimiento. No lo pierdas y transmítelo, porque esto es un regalo".



Zamoranos, os echaré de menos todos y cada uno de los días. Procesionaré en alma y corazón en Jueves Santo y comeré el Dos y Pingada el Domingo de Resurrección a vuestra salud.

A los que no sois de allí pediros disculpas si no entendéis todo. Hay cosas que no pueden explicarse y esta es una de ellas. Os invito a que conozcáis mi tierra y sus tradiciones, pero acompañados de alguien que lo sienta, que os involucre. No hay otra manera de vivir y disfrutar la Semana Santa de Zamora.

Para papá

Dado que hoy es el Día del Padre y que yo no estaré cerca del mío para celebrarlo, aprovecho este minutito de descanso que tengo para felicitarlo y enviarle lo que me pidió de regalo.

Si hay algunos que piden la luna, él sólo me pidió la fotografía de una vaca azul. Parece cosa difícil, pero no hay nada como buscar para encontrar.

Papi, aquí va tu vaca. Espero que te guste y que fuera como te la esperabas.







La encontramos asomada a la ventana de una casa de Zurich. Supongo que sabe que llega la primavera y que ya no le falta nada para salir a pastar.





Aprovechando las felicitaciones, felicito a mis progenitores por sus 34 añitos de casados.

Desde aquí os deseamos otros 34 añitos más.

No es bonito esta forma de medir el tiempo?



Y para terminar este post batiburrillo, os acordais de la maravillosa carta que me llegó el mes pasado?

Pues un paquetito salió de mi casa la semana pasada y ya llegó. Si queréis ver lo que llevaba dentro pasaros por El Club Azúl.

El sábado volamos de vuelta a Helsinki. Hasta entonces!!!

Perdonar por las faltas y la puntuación. No sabéis lo difícil que es escribir cuando te cambian las teclas al teclado. ;.)

Día de Reyes

Estos son los primeros Reyes en mis 33 años de vida que paso lejos de mi familia, bueno para ser más exacta de mis papis y hermanos.

En una familia tan "familiar" como la nuestra, valga la redundancia, los Reyes han sido siempre una de nuestras fechas más señaladas.

Después de pasar las Nochebuenas, Navidades, los fines y entrada de año con todos los abuelos, primos y tíos de la parte materna y paterna (y ahora con la correspondiente familia de mi sallentí favorito), el día de Reyes es nuestro día. Sólo de padres y hermanos (y ahora cuñados, novios y sobrinas. ¡¡Y es que la familia aumenta que no veas!!)




Aunque parezca difícil nunca hemos perdido la emoción de la llegada de los Reyes. Seguro que ayuda tener un hermano 14 años más pequeño y una familia que saca la ilusión hasta debajo de las piedras, pero año, tras año, haga frío, nieve o haga sol, hemos pasado los días 5 y 6 de Enero juntos: viendo la cabalgata, pegándonos con los otros niños por los caramelos que tiraban los Reyes, acostándonos pronto y levantándonos muy pronto por la mañana para ver que habían dejado en los zapatos.

Incluso un año que por motivos laborales no pude ir a Zamora, mi familia al completo (paquetes incluidos) se vino a pasar los Reyes conmigo. Dormimos todos en mi "casita de juguete" (más en el suelo que en las camas), pero al día siguiente los zapatos estaban llenos de regalos. (Lo que no recuerdo es dónde dejamos 6 pares de zapatos, si entre colchones y maletas no había sitio ni para pasar al baño.)

Este año estoy un pelín más lejos y no hemos podido pasar el día juntos, al menos físicamente, pero un trocito de mi corazón y mi mente estaban allí.

A ellos sé que les ha pasado lo mismo. El espacio debajo de la mesa dónde dejo mis zapatos se ha quedado vacío y mi hermana me ha despertado igualmente para decirme que los Reyes ya habían llegado.

Me han llamado varias veces y han mandado muchas fotos para que no nos perdamos nada del gran momento de apertura de los regalos. Incluso una sorpresa del Roscón de Reyes viajará a Helsinki para darnos suerte, igual que si hubiéramos sido uno de nosotros el que la hubiera sacado del roscón.

Aquí en Helsinki, nuestra pequeña nueva familia dejó los zapatos debajo del árbol como manda la tradición en mi casa (limpios y el par favorito) y a la mañana siguiente amaneció llena de regalos.




Sé que los Reyes conocen nuestra nueva dirección y están contentos de la inauguración de nuestras nuevas tradiciones.

No soy mucho de lista de propósitos con el año nuevo, pero al terminar el día y meterme en la cama me prometí a mi misma tratar de crear la misma magia que mis padres han creado para nosotros en nuestra nueva inagurada familia.

¡Es un orgullo formar parte de mi familia!






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