Ahora mismo, hace exactamente un año, estaba durmiendo la siesta tan ricamente.
Parece algo sin importancia, lo sé, pero dada la hora (las 9 de la noche), que U2 empezaba a tocar en directo en ese momento y que a mí lo de la siesta no me va mucho, para que lo vamos a negar, hace que esa siesta fuera algo extraña y un poco especial.
Y lo era.
Hace exactamente un año, después de muchas noches sin dormir, varias horas de dolor, mucha ilusión contenida, lágrimas, risas y una inyección, dormía mi última siesta antes de verle la carita a mi chico favorito number one.
(Aquí hago un inciso para pedir perdón a mi chico favorito number 2. Estás ahí, ahí, querido, no hay mucha diferencia, pero hoy es el cumpleaños de chico number 1 y eso siempre inclina la balanza. :)
Aprovecho de paso para aclarar que como dicen en la tierra de chico favorito number 2: no aguanto el dolor ni una miqueta. Lo reconozco, soy cobarde y cuando me explicaron los métodos para controlar el dolor, elegí la epidural sin dudarlo. )
A lo que vamos, hace exactamente un año, a las 11:34 de la noche nacía mi chico favorito number 1 y hoy, 365 días después, hemos querido celebrarlo como dios manda.
Hemos empezado desayunando en familia. ¿Quién dijo que las 6 de la mañana no es hora de desayunar?
Teníamos globos y tostadas con mantequilla, dos de sus cosas favoritas. En eso consisten los cumpleaños, ¿no?
También teníamos galletas preparadas para llevar a la guardería. Con forma de hombrecito y ojos de chocolate.
Como en su clase hay como mínimo una niña celíaca, algo muy habitual en Finlandia, llevábamos también galletitas especiales. No queríamos que la pobre Helmi se quedara sin celebrar el cumpleaños. Una fiesta es una fiesta.
(No hay fotos de las galletas. Esta mañana con tanta fiesta llegábamos tarde, tarde. Por cierto, la etiqueta sale del revés. Es mona también del revés, pero no se ve el texto que me curré en finés. Para el año que viene.)
Su profe favorita nos contó a la salida que el día había sido tan emocionante que se había quedado dormido mientras comía.
Tuvo fiesta, canciones y hasta le regalaron una tarjeta preciosa que prometo enseñar cuando haya mejor luz y pueda fotografiarla en condiciones.
Y para que siguiera la fiesta, abrimos todos sus regalos mientras hablábamos con la familia. Nos separan muchos kilómetros, si, pero Pol sonríe encantado cada vez que ve a sus abuelos y a sus tíos en la pantalla del ordenador. Es amor a primera vista.
EL cansancio nos podía, así que soplamos la vela muy prontito, tanto que me temo que mañana a las 5 querremos jugar con los juguetes nuevos.
El Sábado nos vamos al zoo a celebrarlo. Nuestra pequeña familia de 3. Cruzar los dedos para que no llueva, porque ahora, como el día que Pol nació, no para de llover.