Si encima me hubieran asegurado que iba a hacer amigos, bueno, creo que ahí si que les habría mirado con cara de "estos no me conocen, yo los amigos los hago cara a cara".
La experiencia me ha demostrado que estaba muy equivocada.
Empecé conociendo a gente gracias a mi afición por la fotografía. Primero fueron comentarios en las fotos, luego largos mails y poco a poco me fui dando cuenta que esa gente que estaba detrás de la pantalla era como yo. Les gustaban las mismas cosas, se reían de lo mismo y terminaban, como yo, metidas en 5.000 proyectos al mismo tiempo.
Me dí cuenta que detrás de sus grandes blogs y sus magníficas fotos, había gente como tú y como yo. Personas, maravillosas, pero simplemente personas.
Luego he tenido la suerte de desvirtualizar a algunas de ellas, conocerlas cara a cara.
Primero conocí a Marianna.
Marianna es el arte encarnado en persona. Tiene una sensibilidad que traspasa pantallas y creo que es una de esas fotógrafas grandes, grandes, que dará que hablar en un futuro.
Sus autorretratos me encantan, pero ¿qué me decís de su fotografía de viajes?
En persona es una burbuja efervescente, simpática, dulce y con ese hablar sudamericano que te situa en una telenovela. Ella sería la prota. De eso no tengo duda.
Luego tuve la grandísima suerte de conocer a Ivana.
Antes de conocerla estaba alucinada por sus fotografías, por sus recetas y por el diseño de su blog. Cuando le pregunté si se dedicaba al diseño gráfico, soltó una gran carcajada. Sigo pensando que si quisiera se podría dedicar a ello.
A eso, o a fotografiar gente y momentos importantes de la vida de una persona. Sus fotos de comida hacen salivar, pero sus fotos de personas emocionan.
Cuando la conocí recorrió Barcelona de punta a punta para tomarse un café con nosotros. Y no sabéis cuanto me alegro y cuanto se lo agradezco, porque a pesar de que ella no dejaba de repetir que estaba nerviosa, yo sentía que tomaba un café con una de mis amigas de toda la vida.
Es definitivo, Ivana es mucho mejor cara a cara y eso que en la distancia es increíble.
Gracias a internet conocí a Ruth, de la que no tengo ni una foto, ¿no es increíble? Ruth es una gallega viviendo a la vuelta de la esquina, en un pueblo precioso a una hora de Helsinki.
El día que quedamos fue como llegar a casa. Nos abrió su casa, nos presentó a sus amigos y Jaume casi nos tuvo que despegar porque no dejábamos de parlotear de inspiración, arte, proyectos y otras mil cosas y ya era tardísimo para un Pol que llevaba tiempo dormido como un bendito en su silla.
Ruth hace joyas e ilustraciones, de esas que para mí quisiera decorando toda mi casa. Le debo un picnic con tortilla de patata. ;)
En este último viaje a Mallorca conocí cara a cara a otras dos personas.
A Lucía llegue por su blog de decoración que ahora tiene momentáneamente aparcado (y en el que blogger debe haber hecho una de las suyas). Ahí descubrí sus fotos y cada día que pasaba no podía dejar de pensar en el talento que tenía.
En persona es como me la imaginaba: un terremoto tremendamente encantador. Tuvimos el tremendo placer de conocer a su familia y tengo que deciros que estar con ellos fue como compartir cualquier otra comida familiar propia.
Gracias, por todo, Lusi (y familia).
Y como no podía ser de otra manera, conocimos en persona a Inés, Pedro y Irene, que si antes eran amigos, ahora son de la familia.
Inés, pérdoname, no es nuestra mejor foto, pero sí es el mejor reflejo de lo que fue y de lo que somos.
Con ella y con otra persona a la que espero conocer pronto, Patricia Montero, creamos nuestro pequeño proyecto particular que, por cosas que pasan, tenemos un poco abandonado: 1 imagen, 3 miradas.
Sobre Inés podría escribir un post entero, solo os digo que cuando se anime a mostrar todo su potencial, va a dar mucho que hablar. Por ahora, Inés, eres mi amiga del alma y estamos aquí esperando vuestra visita.
Y todo este abrir mi corazón para contaros que cuando recibí este paquete, no pude por menos que sonreír y decir sí, sí, sí.
Dentro del sobre había el paquete que ya os enseñé el Domingo. Y dentro de ese había, cómo no podía ser de otra forma, la invitación perfecta.
Este fin de semana me voy a España a conocer en persona a 8 almas gemelas, 8 ni más ni menos. Faltarán dos para que todo sea perfecto, pero es una buena razón para repetirlo pronto sí o sí.
Además si los planetas se alinean, podré conocer a dos o tres personas más, a las que aunque no conozco cara a cara, siento muy cerca y estoy tan orgullosa de ellas que parece como si las alegrías por sus logros fueran también un poco mías.
Sé que no me equivoco y que este fin de semana será una quedada de amigas. De amigas de las buenas.
Os cuento pronto.
Si queréis ver un poco más de la invitación y su contenido (porque sí, hay más), no dejéis de pasar mañana por Con botas de agua.

